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27 julio 2010 2 27 /07 /julio /2010 20:07

COMO TRATAR DE ENTENDER UN ANIVERSARIO DE LA “INDEPENDENCIA DEL PERÚ”

 

Y estamos a 11 años del Bicentenario de la Independencia. Para darle destino al país necesitamos un proyecto de nación, ese propósito de vida en común que pedía Jorge Basadre, esa alegría de vivir juntos unidos por el parentesco de la nacionalidad. Se necesita activar la energía social de las grandes mayorías para sacar adelante los programas locales o nacionales referentes al empleo, la economía, la educación, la salud, el crecimiento. Movilizar ese enorme capital social que significa una sociedad civil, como la peruana, que se asume como participante y protagonista para luchar eficazmente contra la pobreza, las enfermedades, la ignorancia. Para vencer los graves problemas del país debemos estimular a las fuerzas creativas  de la sociedad,  promover múltiples modalidades de intervención social, alentados por leyes de un Estado promotor. Estimular en el campo de la producción, por ejemplo, un dinámico sector de economía social, que se complemente muy bien con los otros sectores (esta experiencia lo llevan con éxito los Estados del Sur del Brasil, con un notable fomento del empleo). Pero no se trata de actuar solamente -casi de modo obsesivo- en la economía y la política. Se trata de fomentar una intensa vida asociativa en todos los ámbitos de la sociedad y no únicamente en la activad política, sino en las asociaciones para la educación, el deporte, la recreación, la salud, la inventividad tecnológica, la creatividad productiva, el turismo local, la actividad científica, las asociaciones de consumidores, de género etc. Es decir que la Vida, tan diversa en sus manifestaciones y apetencias, se enriquezca del intercambio múltiple y creativo de los ciudadanos. Recuérdese que el hombre no sólo es sapiens sino también faber, economicus, politicus. Esta superación de la inmovilidad,  de la rigidez que se impone a la sociedad, es ya un indicio de desarrollo y de autorrealización colectiva.

 Se busca estimular la capacidad hacedora de la sociedad para que despeguen las fuerzas de la creatividad social, económica, educativa, tecnológica y política. Abrir las puertas a la innovación para vencer los “miedos al cambio”. Así forjaremos sociedades abiertas para las realidades del Sur, nuestra propia vía social a la modernidad, alejados de todo ideologismo que paraliza al país. No olvidemos que la definición primera de desarrollo es la movilización de los propios recursos humanos y naturales de un país. Y el Perú los tiene en cuantía. No se puede vivir pendientes de la ilusión en la “inversión extranjera”. La cooperación externa viene después. No puede haber, seriamente, una “estrategia” que dependa principalmente de factores externos.

La cultura del trabajo y de la vida asociativa se inscribe en el itinerario de  historia peruana. En términos estratégicos –concepto de origen Chino creado hace 4 mil años- esto significaría para nosotros “saber contar con nuestras propias fuerzas”. Y “saber” es algo que se aprende. Rescatar este mensaje hoy en día resulta de flagrante pertinencia para asegurar la viabilidad del proyecto nacional. Más urgente todavía cuando las desigualdades se han profundizado en el mundo, el potencial nacional de recursos naturales ha disminuido (empresas públicas estratégicas se remataron a intereses foráneos) y los términos de la competencia internacional son más drásticos que nunca. El Nuevo Orden Tribal, como se llama hoy al globalismo mundial porque no respeta Soberanías, rompe países, estados, naciones, etnias, religiones, doctrinas, partidos, sindicatos, familias, individuos. Es decir, tiende a desestructurar raudamente todo a su paso para reconcentrar el poder económico, político y militar en los más fuertes.

 

LA INDEPENDENCIA PERUANA, UNA POLÉMICA PERMANENTE.

 

¿Que debemos celebrar el 28 de julio?

 

Recordemos, además, que el 28 de Julio sirve para legitimar el sistema político contemporáneo. Es la base del estado de cosas en donde nos movemos. Por lo tanto, es indispensable su estudio y comprensión. Sabemos, también, que la descripción y narración de los hechos, la historia de los personajes sobresalientes, las fechas y datos claves son en sí básicos y esenciales. No obstante, en esta oportunidad, lo que se busca es el análisis, la interpretación y la reflexión de los acontecimientos, en pocas palabras, el significado real de la independencia peruana a partir de las dos posiciones contrapuestas que subsisten sobre el tema.

 

Con la celebración de un aniversario mas de la independencia peruana, debemos ver es fecha en el calendario cívico, en donde se plasman los filmes y la televisión, la numismática, los monumentos, el nombre de calles, parques, plazas y avenidas. Es historia que busca la creación de conciencia colectiva en concordancia con los ideales nacionales. "Pretende ser una visión de consenso, aceptada por todos, pese a las diferencias de clase y de filiación regional". Esta historia divulgada en los textos escolares "es una historia oficial, es un hecho más político que científico [...] por tanto, es necesariamente partidario y subjetivo". En donde lo más importante es la valoración de los hechos y héroes, próceres e ideólogos, así se deje de lado la verdad de los acontecimientos históricos. La historia tradicional quiere lograr una total armonía social, sin que para ello importe que se logre mediante la alienación. Historia impuesta y difundida por la clase social dominante.

Por otro lado, tenemos a una historia crítica que llamaremos no tradicional. En comparación con la historia oficial – que llega a un público más amplio- la no tradicional tiene un espacio de circulación muy limitado. Esto se explica por ser una historia que no comparte las ideas ni las tesis de la historia oficial. No intenta fundar, inapropiadamente, las bases históricas de la nacionalidad, ni mucho menos, impedir la crítica histórica de los problemas del presente.

En mi opinión, representa un intento de romper con la imagen oficial y tradicional creada sobre la independencia. Sin embargo, no basta con las intenciones y las críticas. Debemos

 

PRIMERO.- Para la historiografía oficial la independencia es un proceso nacional, es el resultado de una toma de conciencia colectiva. Lo cual demostraría la unidad y uniformidad de la población peruana, es decir, el Perú mestizo como el protagonista principal de la lucha emancipadora. Es un proceso nacional, nos dicen los tradicionalistas, porque abarca un período de tiempo en donde se inicia – con la rebelión de Túpac Amaru en 1780-, desarrolla, consolida y consigue nuestra liberación de España, que se extiende a lo largo del virreinato peruano. Así, queda implícito que todas las regiones del Perú buscaron la ruptura con el régimen colonial.

Además, la toma de conciencia colectiva lleva a entender que tanto los criollos, mestizos, indígenas, negros y demás castas, hicieron suya la idea común de lograr su independencia. Los grandes desequilibrios sociales dejaron de existir y todos unidos -en la sociedad mestiza- con una sola meta, obtuvieron el triunfo.

SEGUNDO: La historia no oficial va a refutar aquellas tesis. La independencia fue un proceso pero no nacional. Las diferentes regiones del virreynato no tenían los mismos intereses ni deseaban la separación definitiva. Igualmente, es erróneo hablar de una toma de conciencia colectiva por la mayoría de peruanos así como la formación de un Perú mestizo. Porque no existió una unidad en la sociedad colonial. Ésta fue "altamente estratificada y diferenciada y sus líneas de separación y de oposición fueron trazadas a partir de criterios económicos, racionales, culturales y legales". Es una sociedad heterogénea con un gran abismo social, en donde no es apropiado sustentar la existencia de una sociedad mestiza.

Aquí, podemos darnos cuenta, claramente, la manipulación del pasado a las exigencias del presente. Para la historia oficial no es nada bueno difundir el conocimiento de las grandes fisuras sociales. Lo útil es su ocultación y dar la imagen de una sociedad armónica y cohesionada, cuando en verdad no fue así.

 

Por otra parte, la historia tradicional se equivoca al afirmar que la emancipación se inicia con la sublevación de Túpac Amaru en 1780. "Esta rebelión, a pesar de lo que corrientemente se afirma, no tuvo vinculación directa con la independencia [....] se produjo cuatro décadas antes y fracasó". Incluso, la rebelión en vez de causar una propagación del descontento popular y la búsqueda de libertades, ocasionó la consolidación del orden colonial.

Debido a que el gobierno virreinal llevó a cabo una represión brutal contra todos aquellos que habían participado en la insurgencia. Los criollos, que en un primer momento apoyaron la lucha del cacique de Tungasuca, pronto le dieron la espalda al ver la peligrosidad que causaba la movilización indígena. El mencionado hecho histórico demuestra, según la historia no oficial, la incesante persistencia en encontrar causas netamente internas en el proceso independentista. El contexto internacional en que estuvo inmersa la corona española es tomado como simples influencias.

Sin embargo, hay que recordarles a los tradicionalistas, que la independencia del Perú y Sudamérica fue posible gracias a la crisis del Estado metropolitano. La invasión francesa a la península en 1808, motivó que el imperio español estuviera más preocupado en lograr su propia liberación, que en dedicarse a resolver los problemas de sus colonias en América. Entonces, si preguntamos por el inicio de la emancipación, el año de 1808 es el establecido.

La interrogante fundamental que debemos hacernos, en nuestras indagaciones, es sobre el significado histórico de la independencia peruana. El 28 de julio de 1821 y los hechos que suceden hasta la capitulación de Ayacucho, marcan el nacimiento del Estado Peruano independiente, la separación definitiva de España. Es, también, "la esperanza en una vida más justa y mejor, en la afirmación de la libertad del hombre [...] es el principio de la conducción del Perú por cabezas y manos nacidas en esta tierra [...] y es igualmente el principio de una promesa". Pero, en palabras de Basadre, "lo tremendo es que aquí esa promesa no ha sido cumplida del todo". En consecuencia, de qué clase de independencia estamos hablando.

Para la historiografía tradicional la emancipación no es solamente una independencia política sino "es el paso de una era que concluye a un mundo que se contempla y se espera mejor". En síntesis, "es un tránsito, un cambio, una transformación" en todo ámbito, pero "dentro de una continuidad de la vida peruana". Por eso afirman que, "la independencia asume, incorpora a sus nuevos ideales e ilusiones al hombre virreinal y a la sociedad creada en ese tiempo". Desde una perspectiva distinta, la historia no oficial sustenta la tesis de una ruptura política mas no económica ni social.

En lo político, la metrópoli española dejó de tener ingerencia en el Perú, los virreyes desaparecieron. El mando del Estado quedó a cargo de los ciudadanos peruanos. No obstante, aclaremos, que fue un grupo reducido quienes se convirtieron en la clase social dominante. De ahí que la independencia se considere eminentemente criolla.

En el aspecto económico, pasamos del dominio colonial español a la supremacía comercial inglesa; subordinados exclusivamente a la nueva potencia del mundo. Socialmente siguió existiendo una sociedad heterogénea con un gran abismo social. Aquello se demostró con la exclusión de los indígenas- como seres inútiles e incapaces que no podían manejar los destinos del país- y el predominio de los criollos. Realidad que pone en evidencia las grandes desigualdades sociales presentes en la época. "La estructura social queda efectivamente intacta", más aún, nos dice Basadre, la condición de las masas populares "empeoró durante la república". Recordemos, por ejemplo, el mantenimiento de la esclavitud y el tributo indígena hasta 1854, año de su abolición, el tardío reconocimiento de la existencia legal de las comunidades indígenas en 1920; y la presencia popular en el sistema electoral en 1980, después de 159 años de lograda nuestra liberación.

En suma, la independencia "no significó en manera alguno la quiebra del ordenamiento económico y social de carácter colonial que continuó vigente hasta el ocaso del siglo XIX".

Si profundizamos un poco más, tendríamos que preguntarnos ¿Quiénes consiguen la ruptura política con España? Para la historia no oficial, fue lograda "por la decidida y eficaz intervención de los ejércitos del sur (San Martín) y del norte (Bolívar)". Se trataría de una independencia traída de fuera y no conseguida por los peruanos. Es decir, "una independencia concedida más que obtenida". En cambio, la historiografía tradicional está convencida que la emancipación "es un proceso que se manifiesta y madura lentamente", resultado de una serie de conspiraciones y rebeliones nacidas en nuestro territorio que sólo para la victoria final necesitó el apoyo de regiones vecinas. Es una independencia peruana y no imposición de extraños.

Todo lo expresado, anteriormente, conduce a indagar el papel de los actores históricos – la clase social dominante y los sectores populares – en el período independentista. La historiografía no oficial es contundente al afirmar que la clase dominante no deseaba la separación definitiva de España, sólo buscaba reformas dentro del mismo sistema colonial. "La elite prefería la seguridad al cambio y no estaba preparada para poner en peligro su predominio social por amor a la independencia".

 

ALTERNATIVA

Los historiadores y otros especialistas que se han ocupado de la emancipación, lo han hecho a partir de los acontecimientos sucedidos en la ciudad de Lima. La base de aquellos estudios ha servido para crear una visión general de la independencia del Perú. Aquí encontramos una primera dificultad. Si bien es cierto que la "Ciudad de Los Reyes" fue la capital más importante de donde se controlaba todo, con una burocracia colonial extensa. Es también significativo que la elite y las clases populares provincianas discrepaban y tenían intereses contrapuestos a las de Lima. Entonces, hacer una generalización sin tomar en cuenta estas peculiaridades y diferencias, sin estudiar a cabalidad cada espacio regional, no es nada serio.

La verdadera naturaleza del proceso independentista podrá ser esclarecida cuando nosotros, los científicos sociales, propongamos nuevas alternativas de comprender e interpretar los hechos históricos. Alternativas que nos lleve a una mayor profundización en las investigaciones y, por lo tanto, a un conocimiento más coherente de nuestra realidad.

Así, es imprescindible para lograr aquel propósito, la propuesta de dedicarnos a la investigación de historias regionales para luego relacionarlas a la totalidad. En otras palabras, entender la singularidad de los aportes regionales, las repercusiones que causaron en la capital y conectarlo en un todo inteligible que es Hispanoamérica.

Antes de finalizar, quiero evocar una idea que subyace en la propuesta. Se trata del acceso, manejo y conocimiento de una documentación más amplia. Los archivos regionales guardan fuentes manuscritas de gran valor histórico. Su utilización, conservación, análisis e interpretación queda en manos de nosotros que estudiamos las ciencias sociales en el Perú. Realmente el panorama de la historia peruana se vería enriquecida por esas contribuciones. En suma, empecemos a trabajar con ese fin, hagamos realidad la alternativa.

 

 

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Published by Leoncio Yupanqui
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