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27 julio 2012 5 27 /07 /julio /2012 06:25

“Los proyectos de transformación por intervenciones sucesivas y limitadas (del gobierno) son relativamente fáciles de apreciar, pues ellos tratan sobre un asunto o sobre una institución a la vez, como por ejemplo, la seguridad social, los tribunales de arbitraje, una política de lucha contra la recesión, la enseñanza, etc. Así los errores cometidos son corregibles y el programa tiene más posibilidades de ser realizado democráticamente, por un llamado a la razón”

 

Karl Popper

La sociedad abierta y sus enemigos (1979)

 

 

II. El desarrollo como movilización del potencial endógeno

¿Qué filosofía de vida se puede sacar de la etapa fundadora de la historia peruana? ¿Qué hacer para alimentar, vestir y emplear a toda la población? Así como en el pasado se afrontaban con éxito las adversidades del medio geográfico y las dificultades de esa época – única manera de apreciar el grado de desarrollo de una cultura-, ¿Cómo hacer hoy para vencer los complejos desafíos de nuestro tiempo?

El Perú oficial no ha retenido las enseñanzas de la historia. La precaria élite política ignora la historia del país. Ninguno de los grandes problemas se han resuelto, ni en el plano económico, social o educativo. Las adversidades siguen siendo las mismas, la geografía accidentada obviamente no ha cambiado, y más bien un inmenso capital de brazos caídos se pierde hoy en la nada.

Y estamos a 10 años del Bicentenario de la Independencia. Para darle destino al país necesitamos un proyecto de nación, ese propósito de vida en común que pedía Jorge Basadre, esa alegría de vivir juntos unidos por el parentesco de la nacionalidad. Se necesita activar la energía social de las grandes mayorías para sacar adelante los programas locales o nacionales referentes al empleo, la economía, la educación, la salud, el crecimiento. Movilizar ese enorme capital social que significa una sociedad civil, como la peruana, que se asume como participante y protagonista para luchar eficazmente contra la pobreza, las enfermedades, la ignorancia. Para vencer los graves problemas del país debemos estimular a las fuerzas creativas  de la sociedad,  promover múltiples modalidades de intervención social, alentados por leyes de un Estado promotor. Estimular en el campo de la producción, por ejemplo, un dinámico sector de economía social, que se complemente muy bien con los otros sectores (esta experiencia lo llevan con éxito los Estados del Sur del Brasil, con un notable fomento del empleo). Pero no se trata de actuar solamente -casi de modo obsesivo- en la economía y la política. Se trata de fomentar una intensa vida asociativa en todos los ámbitos de la sociedad y no únicamente en la activad política, sino en las asociaciones para la educación, el deporte, la recreación, la salud, la inventividad tecnológica, la creatividad productiva, el turismo local, la actividad científica, las asociaciones de consumidores, de género, de identidad sexual etc,etc. Es decir que la Vida, tan diversa en sus manifestaciones y apetencias, se enriquezca del intercambio múltiple y creativo de los ciudadanos. Recuérdese que el hombre no sólo es sapiens sino también faber, economicus, politicus, eroticus y ludens.   Esta superación de la inmovilidad,  de la rigidez que se impone a la sociedad, es ya un indicio de desarrollo y de autorrealización colectiva.

 Se busca estimular la capacidad hacedora de la sociedad para que despeguen las fuerzas de la creatividad social, económica, educativa, tecnológica y política. Abrir las puertas a la innovación para vencer los “miedos al cambio”. Así forjaremos sociedades abiertas para las realidades del Sur, nuestra propia vía social a la modernidad, alejados de todo ideologismo que paraliza al país. No olvidemos que la definición primera de desarrollo es la movilización de los propios recursos humanos y naturales de un país. Y el Perú los tiene en cuantía. No se puede vivir pendientes de la ilusión en la “inversión extranjera”.La cooperación externa viene después. No puede haber, seriamente, una “estrategia” que dependa principalmente de factores externos.

La cultura del trabajo y de la vida asociativa se inscriben en el itinerario de  historia peruana. En términos estratégicos –concepto de origen Chino creado hace 4 mil años- esto significaría para nosotros “saber contar con nuestras propias fuerzas”. Y “saber” es algo que se aprende. Rescatar este mensaje hoy en día resulta de flagrante pertinencia para asegurar la viabilidad del proyecto nacional. Más urgente todavía cuando las desigualdades se han profundizado en el mundo, el potencial nacional de recursos naturales ha disminuido (empresas públicas estratégicas se remataron a intereses foráneos) y los términos de la competencia internacional son más drásticos que nunca. El Nuevo Orden Tribal, como se llama hoy al globalismo mundial porque no respeta Soberanías, rompe países, estados, naciones, etnias, religiones, doctrinas, partidos, sindicatos, familias, individuos. Es decir, tiende a desestructurar raudamente todo a su paso para reconcentrar el poder económico, político y militar en los más fuertes.

 

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Published by Leoncio Yupanqui
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