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6 septiembre 2012 4 06 /09 /septiembre /2012 05:29

LA TENTACIÓN DE LLEGAR A UN ESTADO POLICIACO O EL PROYECTO DE LEY SOBRE EL NEGACIONISMO

Por Jorge Rendón Vásquez

Profesor Emérito de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos

 El Poder Ejecutivo se ha empeñado en hacer aprobar por el Congreso de la República un proyecto de ley para condenar a penas de prisión a los que nieguen el carácter terrorista de las acciones de los grupos armados que operaron en el país en décadas pasadas o las reivindiquen. (¡Qué lástima verlo enfangarse en la tentación autoritaria!)

De ser convertido en ley este proyecto haría a nuestro país un estado policiaco, semejante al que existía durante el Virreynato cuando la Inquisición podía llevar a la hoguera a quienes negaran las afirmaciones de la Iglesia Católica, o al que impuso en Alemania el nazismo cuando todo el que negara que el comunismo era un peligro para este régimen se hacía pasible de interrogatorios, la tortura, la cárcel y la muerte si lo vinculaban con este movimiento, o si negaba que los judíos eran una amenaza para el Tercer Reich.

La sociedad puede defenderse de la prédica ideológica del terrorismo con otros medios que van desde la educación y la comunicación social hasta la propaganda de los partidos políticos democráticos.

La Constitución no permite esa clase de disposiciones jurídicas. Si los miembros del Consejo de Ministros y cierto número de parlamentarios lo han olvidado, voy a citarles los artículos de la Constitución que las prohiben:

Artículo 2º.- Toda persona tiene derecho:

2. A la igualdad ante la ley. Nadie debe ser discriminado por motivo de … opinión …

3. A la libertad de conciencia y de religión, en forma individual o asociada. No hay persecución por razón de ideas o creencias. No hay delito de opinión …

4. A las libertades de información, opinión, expresión y difusión del pensamiento mediante la palabra oral o escrita o la imagen, por cualquier medio de comunicación social, sin previa autorización ni censura ni impedimento alguno, bajo las responsabilidades de ley.

[…]

Es delito toda acción que suspende o clausura algún órgano de expresión o le impide circular libremente. Los derechos de informar y opinar comprenden los de fundar medios de comunicación.

Artículo 45º.- El poder del Estado emana del pueblo. Quienes lo ejercen lo hacen con las limitaciones y responsabilidades que la Constitución y las leyes establecen.

Artículo 51º.- La Constitución prevalece sobre toda otra norma legal …

Artículo 139º.- Son principios y derechos de la función jurisdiccional:

[…]

20. El principio del derecho de toda persona de formular análisis y críticas de las resoluciones y sentencias judiciales, con las limitaciones de ley.

Resulta obvio que una defensa oral o escrita del terrorismo o de lo que se pretende es el terrorismo, incluido el de Estado, tan peligroso y disolvente como su homólogo, el otro terrorismo, o la crítica de una sentencia contra un violador de los derechos humanos son opiniones, por erradas que puedan parecerles a otros, cuyo sustento es la libertad de pensamiento. La reprobación de una sentencia condenatoria por una acción terrorista o por cualquier otro delito es también una opinión. A esas opiniones se les debe enfrentar con otras. Hay un ex Presidente de la República condenado por delitos de lesa humanidad, cuyos partidarios no se fatigan de defenderlo, visitarlo y defender los actos por los cuales ha sido sentenciado. Y nada sucede, a pesar de la tipificación como ilícito penal de la apología del delito. En el otro extremo, jamás los legisladores pensaron que apoderarse de los derechos sociales de los trabajadores o exponerlos a perder su vida y su salud, haciéndolos trabajar sin aparatos y otros medios de protección, deben ser considerados delitos graves punibles con severas penas. Hay diferentes medidas para tasar a los ciudadanos.

Los órganos del Estado, constituidos por elección o por nombramiento, están obligados a cumplir la función pública, en cuyo ámbito se encuentra el combate contra el delito y los delincuentes. Pero deben hacerlo sujetándose a la Constitución, porque tal es la voluntad del pueblo. Sus miembros no pueden válidamente gobernar, legislar o sentenciar contra el texto de la Constitución. Se colocarían fuera de ésta si lo hicieran.

En el Perú se ha difundido la errónea idea de que la penalización al máximo es la suprema panacea para combatir el delito o lo que a las mayorías legislativas les parece en determinado momento que deben ser delitos. Si esta aseveración suscitara alguna duda, tómense el trabajo de observar la legislación de los países europeos.

En la práctica, esta tendencia penalizadora no está dando resultados. El delito no disminuye; aumenta, y, por el contrario, la seguridad de las personas y de los bienes tiende a desaparecer, mas no sólo por la acción de los pequeños delincuentes y los microdelincuentes, a los que se destina en su mayor parte la represión, sino sobre todo por la de personajes del mundo de los grandes negocios y encumbrados en la dirección del Estado, para los que existe la defensa natural de los laberintos procesales y, finalmente, la impunidad.

Los destinatarios de la ley, si el proyecto contra el negativismo fuera aprobado, serán los que contesten el sistema o exijan la mejora de su situación: trabajadores superexplotados, dirigentes de las poblaciones que defienden el agua y otros recursos para la vida, intelectuales que articulan nuevos proyectos de sociedad. Será mas sencillo acusarlos de negar el terrorismo, entre otras imputaciones, para neutralizarlos con la espada de Damocles de una detención policial seguida de una acusación penal que podría dar lugar a largas penas de prisión. Sin una ley como esa, cuántas personas han sido llevadas a las prisiones por delaciones y sospechas infundadas. ¿Responden los agentes del Estado a cargo de esa represión por sus errores?

Ante la alerta roja en nuestro país, que resuena aún con pocos decibeles, cabría decir, como en otros tiempos y guardadas las distancias, ahora sí con razón: ¡Va de retro Satanás

(28/8/2012)

 

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Published by Leoncio Yupanqui
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