Un articulo sobre historia
Me atrevo a colocar en mi blog un articulo que me parece interesante y que no debe faltar para el análisis de la realidad nacional.
Economista y Filósofo. Funcionario Internacional
e.montiel@unesco.org
“Mandaba el Inca que las tierras de los vasallos fuesen preferidas a las suyas, porque decían que de la prosperidad de los súbditos redundaba el buen servicio para el Rey, que estando pobres y necesitados, mal podían servir en la guerra ni en la paz.”
Inca Garcilaso de la Vega
Comentarios Reales (1609)
I. El proyecto nacional surge de la historia
El libro de los orígenes del Perú contemporáneo es, sin duda, los Comentarios reales, del Inca Garcilaso. Es la primera versión moderna de la historia peruana desde el mestizaje. Para historiar el poderoso proceso de “mezcla de ambas naciones” nadie mejor que un hijo de noble cusqueña y de capitán español. La palabra ancestral adoptó la forma escrita, como un nuevo logos ordenador que surgió entre nosotros preocupado por explicar el pasado y urgido por transmitir su mensaje “a los tiempos venideros, que es cuando más sirven las historias”.[1] Hubo aquí un esfuerzo por reconstruir el pasado, para que sirviera a la construcción del futuro: el Proyecto de Nación debía salir naturalmente de las entrañas de la Historia.
Es la Memoria de los orígenes y signa nuestro destino. Allí están los cimientos con los que se configura la identidad, la primera piedra del proyecto nacional. Los Comentarios, dice Porras Barrenechea, constituyen la “síntesis original y airosa de este sorprendente connubio histórico. Con ellos nace espiritualmente el Perú”.[2] Su mensaje atravesó los tiempos y tuvo preclaros destinatarios: el rebelde Tupac Amaru II hizo del libro “la biblia secreta de la revolución”: se trata de la edición de 1723, que le regaló en Lima Miguel Surco Montiel, en Diciembre de 1777. Esta fue primera insurrección armada en América (1780), encabezada por el sector nacionalista de la nobleza inca, que con la derrota de España no se proponía “restablecer el incanato”, sino erigir una Nación soberana y unitaria.[3] Francisco de Miranda, Simón Bolívar y su maestro Simón Rodríguez se informaron en sus páginas sobre las grandezas del Perú antiguo. Una de las primeras iniciativas de San Martín, fue promover la publicación de los Comentarios reales. En Europa fue uno de los libros mas traducidos e influyó notoriamente en la renovación del pensamiento político de los siglos XVII y XVIII. Sus lectores se llamaban Campanella, Bacon, Morelly, Montesquieu, Rousseau, Raynal, Voltaire, Diderot, Jefferson, entre muchos otros.[4]
En el Libro Quinto de los Comentarios se puede encontrar una instructiva información sobre cómo se repartían y labraban las tierras, sobre el pago de los tributos, las leyes y ordenanzas en favor de los súbditos, sobre las modalidades de participación social en la vida productiva. Era la práctica de la reciprocidad la que estructuraba el tejido social.
La viabilidad de la sociedad inca residía en la vigorosa y ordenada estructura cooperativa. El éxito que alcanzaron en la agricultura, la ganadería, la tecnología o la ingeniería civil, se debió a la organización social. La realización de grandes obras, como el tendido de carreteras, suscitó la admiración de los españoles. Pedro Cieza de León, el Príncipe de los Cronistas, testimonia:
Una de las cosas que yo más admiré, contemplando y notando las cosas de este reino, fue pensar cómo y de qué manera se pudieron hacer caminos tan grandes y soberbios como por él vemos y qué fuerzas de hombres bastaran a los hacer y con qué herramientas o instrumentos pudieron allanar los montes y quebrantar las peñas; para hacerlos tan anchos y buenos como están.[5]
Las preguntas resultan de flagrante interés. Dejemos responder al propio cronista español:
Me parece que si el Emperador [de España, Carlos V] quisiese mandar hacer otro camino real, como el que va de Quito a Cuzco o sale del Cuzco para ir a Chile, ciertamente creo, con todo su poder para ello no fuese poderoso ni fuerzas de hombres le pudiesen hazer si no fuese con la orden tan grande que para ello los Incas mandaron que hobiese.[6]
Estos caminos, conocidos como “Qhapac Ñan”, tenían “más de mil y cien leguas” (más de 5 mil km.) y atravesaban cumbres, quebradas, precipicios, ríos, selvas, glaciares, con lo que se convierten en únicos en el mundo. El cronista resuelve el enigma que explica esta proeza: “si no fuese con la orden tan grande que para ello los Inca mandaron que hobiese”. En esos mismos años Michel de Montaigne lo comparaba con “las grandes obras hechas por Grecia, Roma y Egipto”. Los puentes colgantes, la construcción de andenes en zonas abruptas, el sistema de regadío por cochas, la agricultura y el pastoreo a más de tres mil metros de altura, la acumulación de alimentos en los tambos, la construcción de enormes ciudades ciclópeas como Cusco o Machu Picchu, fueron posibles gracias a una esmerada participación social.
La intensa vida asociativa permitió a la sociedad inca cumplir con sus deberes más elementales: dar de comer a todos sus habitantes, vestir con decoro y sin ostentación, tener una economía tanto doméstica como de escala, autosuficiente y sin carestías. El Inca Garcilaso revela que en el incanato no había inflación: “todos universalmente sembraban lo que había menester para sustentar sus casas, y así no tenían necesidad de vender sus bastimientos ni de encarecerlos, ni saben que cosa es carestía”
Recuerda Garcilaso una verdad rotunda que ha atravesado los siglos: “en todo Perú hay gran falta de tierras de pan”. Un problema de estructuras no resuelto hasta hoy. Si las tierras son pocas y mal cultivadas, el hambre asediará el país, corroerá la nación. Y esto ha ocurrido en diferentes momentos de nuestra historia. Las características de la geografía, una dimensión permanente del Perú, fueron consideradas determinantes en la organización y planificación de la sociedad inca; eran plenamente consciente de una geografía vasta, múltiple y accidentada, de modo que idearon (“la necesidad […] aviva los entendimientos”, dice Garcilaso) formas originales para ampliar el espacio cultivado y arrancar frutos a las tierras agrestes. Tal es el caso de los andenes, los cultivos de camellones, las chacras hundidas, el regadío por cochas, etc.[7]. Al construir diques, el estadista Pachacutek pedía que “ninguna gota de agua caiga al mar”, y se castigaba, “con el pago de la vida” si era necesario, la depredación de la fauna terrestre y marítima.
La única posibilidad de tener éxito en esta clase de territorios era recurriendo a la intervención organizada de la colectividad, para preparar el terreno, roturar y sembrar en espacios tan adversos. El dilema era cultivar o perecer. El trabajo era la única opción. Se puede decir que el trabajo esmerado era la verdad del Imperio inca. Vivir fuera de él era vivir en el error.
[1] La edición utilizada para este ensayo fue Comentarios reales (dos tomos), prólogo, edición y cronología de Aurelio Miró Quesada, Caracas, 1976
[2] Del prólogo de Raúl Porras Barrenechea a la selección de capítulos de los Comentarios publicada en Recuerdos de infancia y juventud, Lima. 1957
[3] El libro se menciona en la solicitud de autorización para el transporte de objetos personales de Tupac Amary de Lima a la Provincia de Tinta (Real Aduana del Cuzco,legado 162, Cuaderno 18). Sobre el Nacionalismo Inca ver S. O’phelon Godoy « De Tupac Amaru a Tupac Catari ». Archivos de Historia Andina 20, Cuzco 1995
[4] Edgar Montiel : « Amérique-Europe : le miroir de l´alterité », Diógene, No. 159, Paris, 1992.
[5] Pedro De Cieza de León : El señorío de los incas, edición de Manuel Ballesteros, Madrid, 1985.
[6] Idem
[7] Runakanap Kawsayninkupop Rurasgankunaka. La Tecnología en el Mundo Andino. Selección de Heather Lechtman y Ana María Sodi. Prólogo de John Murra. México, UNAM, 1981
fuente: Edgar Montiel